El Ladrillar, hablamos
de una pequeña aldea ubicada en lo más profundo de las Hurdes extremeñas. Al
caer la noche, unos gritos guturales resuenan por las callejuelas empedradas.
La gente corre a encerrarse en sus casas y tan apenas unos pocos se atreven a
observar tras los empañados cristales, como un extraño y pequeño ser de
extremidades cortas y cabeza desproporcionada, se pasea sin rubor flotando en
el aire por las afueras del pueblo, acompañado por dos pequeñas luminarias.
